Ineficiencia por exceso, o de cómo ser demasiado legalista cuando no viene al caso

Pónganse en situación. Estamos
desgraciadamente habituados a que las Administraciones Públicas y en concreto
las autoridades que las rigen, busquen los más intrincados vericuetos legales para
realizar diversos contratos administrativos saltándose los procedimientos, y aún
en ocasiones sin dar rodeos. Por ello la legislación de contratos se ha
modificado durante los últimos años tantas veces y es –en parte- bastante
restrictiva.
Pues bien, lo que vengo a contarles hoy
podríamos definirlo como la antítesis de a lo que estamos acostumbrados, y es que
en lugar de forzar o saltarse la norma para lograr un resultado más rápido o a
gusto del consumidor algunos se pasan
de legalistas y dan una vuelta de tuerca a los requisitos que impone la ley
para contratar, complicando el procedimiento más de lo necesario cuando ya lo
es de por sí.
Como sabemos, toda ley tiene sus excepciones y
la Ley de contratos del sector público, a pesar de ser tan rígida, también debe
dejar algo de respiro para no paralizar el funcionamiento habitual de la
Administración y que pueda, por ejemplo, contratar suministros o material de
consumo habitual (material de oficina, consumibles…) entre otros, de una manera
relativamente rápida; para lo cual se prevén los contratos menores, que hasta
18.000 euros permiten realizar la compra de este material directamente sin
muchos trámites (básicamente aprobación del gasto e incorporación de la
factura, sin publicidad, sin solicitar presupuestos, etc.).
Pues bien, un determinado Departamento de una
Administración estuvo más de una semana sin toner para una impresora (y por
tanto sin poder usarla) porque para todo tipo de suministro se ha exigido que se
soliciten al menos tres ofertas para comprar la más económica. No critico que
se quiera buscar el material más barato (dentro de similar calidad) o que se
pretendan evitar las normales críticas de algunos proveedores si se compra
directamente a otros, pero estrujar el procedimiento, haciéndolo más proceloso
de lo estrictamente necesario y provocando con ello no poder utilizar material
necesario en el día a día durante tanto tiempo  no tiene mucho sentido. Sobre todo si se hace
esto cada vez que se requiera una caja de tóner, o una de bolígrafos,
cantidades tan ridículas que hacen ineficiente el sistema.
Sería más eficiente si se realizara una compra
conjunta de material, de una vez, aunque supusiera un desembolso absoluto
mayor, pero que seguro saldría más económico por cantidad, y en un solo pedido
(aunque sea mediante ese procedimiento) disponer de material de reserva para
evitar estos problemas, o en caso de necesidad inaplazable directamente mediante
un contrato menor, sobre todo para precios como los de los suministros a los
que nos referimos.
La Administración debe tratar de buscar la
eficacia y la eficiencia, siendo además lo más justa posible, pero a veces (pocas
como en este caso) se malinterpretan tales conceptos en el sentido de retrasar
su normal funcionamiento cuando no es necesario (bastante trabas
administrativas tenemos ya, ¿verdad?).
Además, hay que tener cuidado también con las
adquisiciones buscando solamente lo más económico,  pues pueden salir caras al olvidar otros factores
como la relación calidad-precio, lo que se resolvería bien solicitando oferta
para un concreto modelo de producto o para modelos similares que se sepa o se
pueda comprobar que son similares.
En definitiva, hay que saber equilibrar la loable
equidad al pedir varios presupuestos con la necesidad de mantener los servicios
en funcionamiento, y tener la previsión suficiente para disponer del necesario
material de uso habitual y que no ocurran situaciones como la mencionada.

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