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Estudios y comentarios sobre la gestión de recursos humanos o de personas, concepto esencial en la mejora de la Administración Pública

Cómo lograr la ineficiencia en la Administración

La Administración pública española no ha gozado históricamente de muy buena reputación. Esto se ha debido, en parte, a las prácticas de algunos de sus miembros y a una serie de defectos en su funcionamiento y organización. Unos problemas que se han llegado a convertir en el imaginario popular, por efecto de la literatura y de la humana costumbre de destacar lo malo sobre lo bueno, por regla general.

Ineficiencia
Ineficiencia

De la burocracia a la Administración eficiente

El concepto burocracia, entendido en su acepción despectiva (y que abunda en el Diccionario de la Real Academia) se ha superado en la Administración de nuestros días, pasando a buscarse la Administración inteligente, proactiva, eficaz y eficiente. En una Administración de calidad y con un objetivo claro de servicio al ciudadano. Atrás quedan en la práctica y en la mayoría de los casos aquellos días en que el ciudadano era un mero administrado sometido a las potestades exorbitantes de la maquinaria burocrática. 

Desde hace años se buscan, por medio de su importación desde el sector privado, técnicas de gestión de recursos humanos y gestión de calidad para lograr una Administración y una función pública mejores. Y precisamente los funcionarios son quienes se encuentran al frente de este intenso cambio pues son el motor, los brazos y músculos de la Administración. 

La eficiencia en el EBEP

La aprobación del Estatuto Básico del Empleado Público en 2007 (actualmente texto refundido del EBEP) reforzó ese cambio, dotando a nuestras Administraciones de mejores recursos para dirigirse hacia esas metas.

Uno de los objetivos de la norma era, precisamente, mejorar la gestión del personal, de los recursos humanos, a través de una mejor planificación, formación continua, etc. Pero sobre todo con la intención de crear una cultura administrativa, en la que los empleados, como en cualquier empresa privada, se sientan parte de la organización, donde se encuentren motivados y se sometan a una continua evaluación del desempeño. Esto lleva a conseguir una mejora constante y una retroalimentación que ayude tanto a las personas como a la Entidad a mejorar día tras día. 

Pero esto, a todas luces positivo para el conjunto de la sociedad, se trastocó a consecuencia de la crisis económica de 2008 y de algunas medidas adoptadas últimamente.
Casi nadie repara en que ya en los años noventa se congeló dos veces el sueldo a los funcionarios y que viene siendo casi habitual que cada año desde los ochenta la subida de sus retribuciones sea inferior al IPC. Si a ello le sumamos la bajada de sueldo y la congelación de estos últimos años el poder adquisitivo de los empleados públicos ha descendido realmente y por regla general alrededor del 45% en los últimos 30 años. 

Planificación eficiente de recursos humanos

Comprendo que un gasto importante en las cuentas de las Administraciones públicas sea el capítulo de personal, pero resulta sangrante que se adopten toda una batería de medidas específicas contra los empleados públicos y no se tenga en cuenta la raíz del problema de dicho gasto: los políticos, sobre todo a nivel autonómico y local. Se ha dicho y quiero insistir en ello, que muchos de esos empleados son eventuales y contratados por cuestiones meramente políticas. Por mucho que se adopten medidas para evitar aumentar el sector público, los malos gestores que aún gobiernan muchas Administraciones, seguirán contratando a los allegados y acólitos a través de las fórmulas más diversas. 

Mientras la Administración pública no esté dirigida por verdaderos gobernantes/gerentes, honrados y que sepan lo que es gestionar para los ciudadanos, no se resolverá el problema. Son ellos los que toman las decisiones y deben llevar a sus Administraciones a ser excelentes, pero la incompetencia y las luchas de poder siguen lastrando el sector público y de este modo no se logrará nunca lo pretendido. 

No se sostienen los argumentos dados para justificar las medidas anti-crisis que afectan a los empleados públicos. Me refiero en concreto a la eliminación de la paga de Navidad y la reducción de los días de asuntos propios (moscosos).
Se argumentó que las medidas pretendían equiparar a los funcionarios con el sector privado, teniendo en cuenta los millones de parados existentes.

Confundir la inamovilidad del funcionario con un privilegio

Se parte de la idea errónea de que la estabilidad en el empleo público es un privilegio del funcionario y que sólo ese elemento ya supone la panacea en un trabajo. Bien es cierto que hoy en día tener un puesto fijo es una gran ventaja con los tiempos que corren. Pero cualquiera que entienda de gestión de recursos humanos sabe que hay muchos más elementos que influyen para que nos sintamos felices, productivos y mejores en nuestro trabajo y evitar el síndrome del quemado, como sufren cada vez más servidores públicos.

La estabilidad en el empleo se debe precisamente a la necesidad de asegurar que la Administración funcione sin estar sometida a los cambios de color político y para asegurar la independencia de los funcionarios. 
Justo al contrario de lo que tradicionalmente vemos en el caso de EE.UU (spoil system) donde cada vez que cambia el partido en el poder miles de funcionarios se van a la calle para que entren otros miles, paralizándose durante meses parte del funcionamiento del sector público.

Llevando a una mayor ineficiencia en la Administración

Pues bien, no se entiende que se pretenda mejorar la eficacia y la eficiencia de la Administración, teniendo a unos empleados motivados y productivos, si a la vez se les vuelve a reducir el sueldo. Y ahora también se reducen los días de libre disposición (se quedan en 3, mientras que por ejemplo  el sector aeropuertos tiene 7, banca  4 o ferrocarriles 5, o los jueces, que mantienen 12 de los 18 que tenían) intentando hacer ver que tales medidas sólo se pueden llevar a cabo respecto al sector público por estar reguladas por un Estatuto (una ley al fin y al cabo).

Las empresas también están en crisis y tenemos un gran problema de competitividad, ¿Qué impediría modificar la legislación laboral (también basada en un Estatuto), eliminar la paga de Navidad y dejar si efectos los convenios colectivos en tal sentido, como se ha hecho con el sector público?¿quizás el poder de los sindicatos a los que pagamos entre todos? El público es el único sector desde ahora con una sola paga extra. ¿Igualdad, dónde?.

El recorte general también es negativo porque no tiene en cuenta ni la situación particular de cada Administración ni supone que el ahorro pretendidamente conseguido se vaya a utilizar para reducir el déficit de cada una de ellas. Qué impide que sigan derrochando en embajadas, subvenciones o gastos superfluos.

Se requieren reformas más profundas

 Si queremos una Administración pública moderna, más barata y que resuelva de manera eficaz y eficiente las demandas de los ciudadanos, las reformas deben partir de una remodelación más profunda de sus estructuras, funcionamiento y quizás de que se exija mayor compromiso de nuestros políticos con aquello que se supone representan; y me atrevería a incluir que la exigencia de mayor formación previa.

El derecho fundamental de participación en los asuntos públicos (sufragio pasivo) no puede estar por encima de la exigencia de los conocimientos, titulación e incluso experiencia para ocupar tanta responsabilidad, como se hace con los empleados públicos y que nadie pone en cuestión. Por qué a estos se les exige un duro proceso selectivo para desempeñar funciones públicas y a nuestros gobernantes, para gestionar dinero, bienes y servicios, educación, seguridad, sanidad, etc., no se le pida absolutamente nada.

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Dos cambios de rumbo necesarios en Tesando

Lo que en principio iba a ser exclusivamente un sencillo blog donde contase las experiencias que fuese adquiriendo durante la realización de mi Tesis Doctoral sobre la modernización de la Administración Pública española y la evaluación del desempeño, con todo lo que eso implica y partiendo del revulsivo que supuso la aprobación del Estatuto Básico del Empleado Público (Ley 7/2007), y tras más de un año inactivo en mis aportaciones precisamente por falta de tiempo, creo que ahora podría convertirse en un -también sencillo y humilde- escaparate en el que amplíe los horizontes de los temas que quiero tratar.

Durante este tiempo y siempre dentro de mi afición por el estudio (de la Administración y de otros muchos temas) he ido adquiriendo más y más conocimientos y experiencia (no podría ser de otra forma si pretendo doctorarme). Aquellos de la mano de la profundización teórica en el funcionamiento de aquella, así como en materia de gestión de personas (o de RR.HH), calidad, evaluación del desempeño, motivación, liderazgo y toda esa miríada de conceptos implicados en este ámbito.

Y la experiencia a través de la práctica diaria de mi trabajo dentro de la Administración local, lo que sobre todo me está enseñando algo en cuanto a las malas prácticas y los muchos defectos que tiene. Esto, que es un aspecto negativo y que me hace sufrir día tras día tantas y tantas injusticias e ineficiencias, lo trato de positivizar pues, por otro lado, me permite disponer de ejemplos prácticos, reales, en los que trabajar para formular mi Tesis.

Finalmente, el Congreso Nacional de RR.HH celebrado el pasado 24 de octubre de 2012 en Madrid, dentro de Manager Forum 2012, al que tuve la suerte de asistir, me dio la visión de la gran importancia de las redes sociales y sobre todo de Twitter. En efecto, al margen de los interesantísimos contenidos presentados allí, a la vez que se desarrollaban las distintas ponencias se colgaban comentarios en esta red social.

Yo la uso sólo para conocer las noticias de algunos medios de comunicación y poco más, pero a partir de ese día y de que en la Asociación de Alzheimer de Tomelloso, en la que colaboro, han añadido su propio perfil y la están aprovechando muy bien, me picó la curiosidad de sus grandes posibilidades.

Así pues, los dos cambios de rumbo a los que me refería en el título de este comentario se refieren, por un lado a que pretendo ser más activo en las redes sociales como Twitter o este Blog, tratando de aportar información útil o comentarios, aprendiendo y participando de lo que otros dicen en aquellas. Por eso quiero reactivar este blog para enlazarlo con mi perfil twitero @PedroPadillar y que otros colaboren y se beneficien de lo que pueda aportar.

El otro cambio de rumbo es precisamente que no voy a limitar este blog a su cometido inicial, compartir información sobre la preparación de Trabajos de investigación y Tesis Doctorales, y pese a que se siga llamando Tesando hablaré de más cosas, siempre de actualidad, centrándome en la Administración Pública, los recursos humanos, la gestión de calidad, política, etc, pero sin despreciar cualquier otro asunto que me resulte interesante.

Mantendré, empero, el nombre porque todavía creo que resulta adecuado, ya que la vida es al fin y al cabo una constante adquisición de conocimiento en la que nos estamos «doctorando», con o sin un título oficial al final, en las materias con las que trabajamos cada día y sobre todo con una que es troncal: la propia vida y el comportamiento humano.

Las citas y referencias bibliográficas

Cualquier trabajo de investigación que se precie debe contar no sólo con notas y citas bibliográficas a material de terceros o propios sino con una adecuada bibliografía. Ello dará lustre al trabajo pero ese no es su objetivo principal. Se trata de documentarse convenientemente con las opiniones, experiencia y conocimientos de otros para crear nuestras conclusiones, enriquecer nuestro trabajo e incluso -y preferiblemente- ofrecer algo novedoso, pues esa es la idea principal de cualquier estudio. La cita amplia el campo de visión sobre lo que decimos, ofrece al lector información sobre dónde encontrar más datos, opiniones, etc.

La cita y la creación de referencias bibliogaficas son casi un arte. Existen diversos sistemas y normas tipo ISO para ello. Elegir el adecuado depende de cada cual. Afortunadamente hay mucha información en Internet. Incluso las Universidades (como la Carlos III de Madrid)la ofrecen en sus webs.

Pero lo mejor de todo es que el trabajo más tedioso a la hora de crear la cita es que hay aplicaciones online gratuitas que lo hacen por nosotros.