Necesitamos gestores p√ļblicos, no pol√≠ticos

    Pol√≠ticos, gobernantes, gestores p√ļblicos‚Ķ todas estas acepciones se refieren a los cargos electos elegidos por los ciudadanos, que les han dado su confianza para gestionar los asuntos p√ļblicos con honradez, profesionalidad y, sobre todo, pensando en el inter√©s com√ļn. Todos esperamos que al votarlos se preocupen de crear y mantener los servicios p√ļblicos que la sociedad necesita; de responder, en suma, a nuestras necesidades.
   

    
    Sin embargo, a√ļn hoy existe una importante brecha entre lo que deben ser y lo que son realmente quienes gobiernan nuestra sociedad. Existe una clara diferencia, en muchos casos, entre los t√©rminos gobernante o gestor p√ļblico y pol√≠tico. Cuando nos referimos a estos no solemos ver a alguien preocupado m√°s por el bienestar de los ciudadanos que por sus propios intereses de partido, por captar votos o por mantenerse en el sill√≥n. Es una pena pero una y otra vez quienes se supone que son nuestros representantes, una vez que han logrado nuestros votos se olvidan de su verdadero cometido y se convierten autom√°ticamente casi en los ¬ęamos¬Ľ de nuestra vida, porque en parte ellos tambi√©n son rehenes de sus propios partidos pol√≠ticos y de los lobbies que los dirigen.

    
    Sus intereses, como dec√≠a, no van parejos a los generales. Su visi√≥n de la Administraci√≥n y de sus objetivos nos resultan desconocidos a los ciudadanos y a los empleados p√ļblicos. De ah√≠ que se insista en la necesidad de contar con Directivos P√ļblicos que sepan traducir las pol√≠ticas p√ļblicas en conceptos entendibles por el derecho administrativo, aunque haya algunas de esas pol√≠ticas que ni siquiera entienden los Directivos. Sin embargo, al menos en Espa√Īa esto no est√° dando resultado por las corruptelas a la hora de nombrarlos y su dependencia de los pol√≠ticos y ser√° un campo de batalla m√°s hacia una verdadera gesti√≥n pol√≠tica de los asuntos p√ļblicos.
    Mientras los cargos electos no se den cuenta de su verdadera misi√≥n en el Gobierno y la Administraci√≥n para con los ciudadanos de a pie no se podr√° alcanzar un m√≠nimo de equilibrio en los asuntos p√ļblicos y los ciudadanos seguiremos siendo rehenes de aquellos a quienes votamos.
   Tambi√©n hace falta m√°s formaci√≥n y aptitudes por parte de quienes aspiran a ocupar cargos p√ļblicos. Se les deber√≠an exigir unos conocimientos m√≠nimos para poder gestionar asuntos p√ļblicos. La pol√≠tica supone gestionar, gobernar, negociar. Se trata de una verdadera profesi√≥n a la que, por desgracia, muchos se apuntan sin un bagaje m√≠nimo que les permita saber en qu√© aguas nadan. Se f√≠an de asesores y expertos, pero tambi√©n es necesario que tengan criterio propio para tomar las decisiones adecuadas. Al igual que para ser empleado p√ļblico se exigen unos requisitos cada vez m√°s duros porque estamos hablando de servir al inter√©s general, para ser gestor p√ļblico, pol√≠tico, se deber√≠an establecer unos requisitos, si no mayores, s√≠ al menos m√≠nimos que habiliten a los candidatos a ocupar un sill√≥n de mando para la profesi√≥n p√ļblica que han elegido.
    Necesitamos, en definitiva, m√°s gestores que sepan realmente dirigir los asuntos p√ļblicos en lugar de tantos pol√≠ticos. Aunque parecen lo mismo, de estos sobran muchos; aquellos escasean.

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